Al cierre de los mercados en
EEUU el
Dow se ha dejado 250 puntos (un 3,4%) y el
Nasdaq un 3,7%. El
Dow está al mismo nivel de abril de 1997. Pero, ¿alguien realmente podía pensar que este cuento de fantasía podía acabar de otra manera? En 1994 a un economista
recién doctorado le pagaban como profesor
junior unos 35.000 dólares en las mejores universidades americanas. En febrero del año pasado la media era de 100.000 dólares. Un disparate. Y como esto miles de cosas (desde el precio de las viviendas hasta el precio de un simple café o un
menú). Todo se multiplicaba por dos o por tres y se veía normal. Este año muchas universidades americanas han suspendido la contratación y las que contratan ofrecen paquetes menos ventajosos (excepto el Fondo Monetario Internacional que, de despedir a diestro y siniestro el año pasado, ahora está contratando intensamente, gastándose por anticipado la multiplicación por dos de su presupuesto propuesta por los países más desarrollados, para configurar el nuevo papel internacional del
FMI como
apaga-fuegos financiero).
Siguiendo con algunos de los comentarios sobre los culpable de la crisis. ¿Son los economistas profesionales también culpables? En parte si. O mejor debería decir que algunos si. A los alumnos les enseñamos en clase de macroeconomía que el objetivo de la política económica es intentar mantener la tasa de inflación en torno a la tasa objetivo (pongamos el 2% del
BCE) y que la variabilidad del
PIB en torno al
PIB potencial debe ser lo menor posible. En pocas palabras, que hay que hacer que tanto la variabilidad de la inflación en torno a su objetivo como la del
output en torno a su valor potencial, sea mínima. Ésta debería ser la función objetivo de los gestores de la política económica. ¿Cómo era posible justificar que una economía como la española creciera al 4-5% con un crecimiento de la productividad minúsculo o incluso negativo?
Esto es insostenible en el largo plazo y, además, desde el punto de vista de una política económica razonable, cada año que se crecía al 4% sin crecimiento de la productividad deberían haberse encendido todas las alarmas. Las cosas no cuadraban. El problema es que algunos economistas se unieron a los fuegos artificiales y asumieron entusiastas algo que a nuestros alumnos les decimos que no es posible en el largo plazo.
Otros no lo hicieron y fueron tratados como bichos raros o animales de feria. Hoy en el
Wall Street Journal el ahora triunfante
Nouriel Roubini citaba a los que él considera los
héroes de esos años (junto con él mismo). Es una lista interesante:
Rober Shiller,
Steve Roach,
Ken Rogoff y
Nassim Taleb. Por desgracia en España los mismos economistas que jaleaban el insostenible crecimiento de la economía española y hablaban de la muerte de los ciclos económicos son los que siguen dominando el panorama informativo y ofreciendo sus "acertados" análisis. Los mismos que decían que la crisis era un invento: que no llegaría pues no existía. Qué todo iba bien e iría mejor. Qué con una morosidad del 0,5% no había de que preocuparse. Qué todo el que no se unía a la fiesta era un agorero y un cenizo. Los
Campuzanos,
AFIs varios, estudiosos serviciales del
BBVAs,
Oliveres,
Escribases,
Ontiveros y demás. No veían más allá de sus narices. Y ahora cuando todo es totalmente distinto de sus análisis resulta que también lo explican. Los viejos "gurús" norteamericanos de los años dorados están expiando sus penas en el más absoluto ostracismo. En España los "expertos" siguen siendo los de siempre. País de listos.